Los residuos generados por la actividad pesquera no desaparecen cuando una embarcación llega a puerto. Aceites usados, baterías, redes, cabos, envases o recipientes de poliestireno necesitan sistemas específicos de recogida y gestión. A ellos se suman los residuos que los propios pescadores recuperan del mar durante sus faenas.
La reciente noticia de que Santa Pola contará con un nuevo punto limpio en su puerto pesquero pone el foco en una cuestión que afecta al conjunto del litoral valenciano: la necesidad de disponer de infraestructuras adecuadas para separar, almacenar y gestionar correctamente estos residuos.
La actuación forma parte de una inversión de 520.000 euros de la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca que permitirá instalar o acondicionar estas infraestructuras en ocho puertos de la Comunitat Valenciana: Santa Pola, Vinaròs, Benicarló, Jávea, Calpe, Villajoyosa, El Campello y Guardamar. La financiación corresponde en un 70 % al Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura y en un 30 % a la Generalitat.
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Una actividad que mueve miles de toneladas cada año
Para entender la dimensión del reto hay que mirar también a la actividad que se desarrolla en estos puertos.
La Comunitat Valenciana contaba en 2023 con 498 buques pesqueros, de los que 256 tenían su puerto base en Alicante, 150 en Castellón y 92 en Valencia. Santa Pola concentraba 87 embarcaciones, siendo uno de los principales puertos pesqueros de la Comunitat.
Ese mismo año se desembarcaron en los puertos valencianos 15.000,1 toneladas de capturas pesqueras, según los datos de la Generalitat. Santa Pola registró 2.072,5 toneladas, mientras que Villajoyosa alcanzó las 1.090,5 toneladas, Jávea las 1.085,2 y Vinaròs las 718,9 toneladas.
Estas cifras permiten hacerse una idea de la dimensión de la actividad y, con ella, de la necesidad de contar con sistemas adecuados para gestionar los residuos que genera.
Fuente: Generalitat Valenciana, datos de flota pesquera y capturas desembarcadas, 2023.
Residuos que necesitan una gestión diferenciada
El nuevo punto limpio de Santa Pola permitirá recoger de forma separada aceites y sus envases, baterías usadas, redes y cabos y recipientes de poliestireno. También se gestionarán residuos que los pescadores recuperan del mar, como plásticos, madera y ferralla.
No todos estos residuos tienen las mismas características ni pueden seguir el mismo circuito de gestión. Los aceites usados y las baterías, por ejemplo, requieren condiciones específicas de almacenamiento y gestión, mientras que redes, cabos, poliestireno o determinados plásticos pueden plantear otros retos relacionados con su composición, volumen o posibilidades de valorización.
Por eso, uno de los elementos fundamentales es la segregación en origen. Separar correctamente los residuos permite evitar mezclas innecesarias, facilita su posterior tratamiento y aumenta las posibilidades de recuperación de determinados materiales.
En el caso de los residuos recuperados accidentalmente durante la actividad pesquera, además, existe una segunda cuestión: una vez retirados del medio marino, necesitan un lugar adecuado donde depositarse y entrar en un circuito de gestión.
No es la primera iniciativa de este tipo en los puertos valencianos
La actuación anunciada ahora se suma a iniciativas que ya se han desarrollado en diferentes puertos de la Comunitat Valenciana.
Un informe del proyecto BAJUREC V, dedicado a analizar la situación de las infraestructuras para el depósito de residuos en puertos pesqueros, identificó ocho puertos valencianos adheridos al proyecto Fishing for Litter de Upcycling the Oceans: Calpe, Altea, Villajoyosa, Cullera, Benicarló, Burriana, Dénia y Santa Pola.
Estas iniciativas tienen un objetivo especialmente interesante desde el punto de vista ambiental: facilitar que los pescadores puedan retirar residuos encontrados durante su actividad y entregarlos posteriormente en puerto.
Pero la recogida es solo el primer paso. Para que el sistema sea realmente eficaz es necesario saber qué residuos llegan, cómo deben separarse, dónde deben almacenarse y cuál será su destino final.
Ahí es donde la infraestructura y la gestión profesional adquieren especial importancia.
Una diferencia importante: residuos pesqueros y residuos de los buques
Cuando hablamos de residuos en los puertos conviene distinguir diferentes situaciones.
Los puertos de interés general cuentan con servicios portuarios específicos para la recepción de los residuos generados por los buques, dentro del marco del Convenio MARPOL y de la normativa sobre instalaciones portuarias receptoras de residuos.
Por ejemplo, la Autoridad Portuaria de Valencia dispone de un servicio de recepción de desechos generados por buques y residuos de carga en los puertos de València, Sagunto y Gandía. El servicio contempla diferentes categorías de residuos, entre ellas plásticos, residuos domésticos, aceites de cocina, artes de pesca y residuos electrónicos.
La propia regulación establece además requisitos de segregación, registro y seguimiento de los residuos recogidos, incluyendo información sobre su tipología y volumen.
Esto muestra que la gestión ambiental portuaria es un sistema complejo en el que conviven diferentes flujos de residuos, actividades y responsabilidades.
La infraestructura es necesaria, pero no suficiente
Contar con un punto limpio es un paso importante, pero su eficacia depende también de cómo se organiza y gestiona.
Antes de poner en funcionamiento una instalación es necesario conocer los residuos que genera la actividad, sus características, las cantidades aproximadas y las condiciones que necesitan para su almacenamiento.
Después hay que establecer procedimientos para su recogida y segregación, garantizar su traslado mediante gestores autorizados y realizar un seguimiento que permita comprobar si el sistema está funcionando correctamente.
En otras palabras, detrás de una infraestructura aparentemente sencilla existe una cadena de gestión ambiental:
Generación → segregación → almacenamiento → recogida → transporte → tratamiento o valorización.
Cada una de estas fases requiere planificación y control.
¿Qué papel puede desempeñar un ambientólogo?
Es precisamente en esta cadena donde el conocimiento técnico-profesional de las Ciencias Ambientales puede aportar valor.
Los profesionales ambientales pueden intervenir en el diagnóstico y caracterización de residuos, diseño de sistemas de gestión, cumplimiento de la normativa, planificación ambiental, seguimiento de indicadores, prevención de la contaminación y estrategias de economía circular.
En el ámbito portuario, además, esta visión debe integrar diferentes aspectos: la actividad pesquera, las características de las instalaciones, la gestión de residuos y la protección de los ecosistemas marinos y costeros.
El ambientólogo puede contribuir, por ejemplo, a identificar los principales flujos de residuos, establecer criterios para su segregación, analizar alternativas de gestión y valorización o evaluar los resultados obtenidos.
Y esto es especialmente importante cuando hablamos de residuos que pueden terminar afectando directamente al medio marino.
Prevenir la contaminación también significa actuar en tierra
La gestión de los residuos marinos suele asociarse a campañas de limpieza o retirada de residuos del agua. Sin embargo, la prevención comienza mucho antes.
Si una embarcación dispone de un lugar adecuado donde depositar un aceite usado, una batería, una red deteriorada o un envase contaminado, se reduce el riesgo de que estos materiales terminen abandonados o lleguen al medio marino.
Del mismo modo, si los residuos que los pescadores recuperan accidentalmente del mar pueden depositarse y gestionarse correctamente al llegar a puerto, se cierra una parte fundamental del ciclo.
Por eso, los puntos limpios y las instalaciones de recepción de residuos forman parte de una estrategia más amplia de prevención de la contaminación marina.
Un ámbito donde también se pone en valor la profesión ambiental
La gestión ambiental de los puertos reúne diferentes ámbitos profesionales: residuos, prevención de la contaminación, economía circular, planificación, cumplimiento normativo y protección de los ecosistemas.
La actuación prevista en ocho puertos valencianos demuestra que estas necesidades no son puntuales. La propia dimensión de la actividad pesquera —498 buques y 15.000 toneladas de capturas desembarcadas en 2023— requiere sistemas de gestión capaces de responder de forma adecuada a los residuos que genera.
Para los profesionales de las Ciencias Ambientales, este tipo de proyectos representan también un espacio de actuación profesional en el que aportar una visión transversal y técnica, conectando la actividad económica con la prevención de sus impactos ambientales.
Desde el COAMBCV defendemos precisamente la presencia de profesionales ambientales en los proyectos y procesos en los que se planifica, gestiona y protege el territorio.
La gestión de residuos portuarios es un buen ejemplo de por qué el conocimiento ambiental debe estar presente no solo en la fase de tratamiento de los residuos, sino también en su planificación, prevención, seguimiento y evaluación.
Un reto que afecta al conjunto del litoral valenciano
Santa Pola es el punto de partida de esta noticia, pero la actuación anunciada se extiende a otros siete puertos de la Comunitat Valenciana.
El reto será conseguir que estas infraestructuras se integren en sistemas de gestión eficaces, capaces de conocer qué residuos se generan, mejorar su segregación, facilitar su tratamiento y, siempre que sea posible, avanzar hacia su reutilización o valorización.
La protección del medio marino no empieza únicamente cuando retiramos un residuo del agua.
También empieza en tierra: cuando existen infraestructuras adecuadas y profesionales capaces de diseñar y gestionar los sistemas que evitan que ese residuo vuelva al mar.
Desde el COAMBCV seguiremos poniendo en valor el papel de los profesionales de las Ciencias Ambientales y su aportación técnica a los retos ambientales de la Comunitat Valenciana.



